COLUMNAS DEL TERCER MILENIO
  ASESINATOS POLÍTICOS EN MÉXICO
 

Reseña Bibliográfica
(16)                                      mayo/2010
 
 
Armando Castillo Romero
 
Damirón M.G. Asesinatos Políticos en México (1910-1994). México, Planeta, 2008 165 p.: il. Ensayos-Divulgación.
 
“Después del poder, nada hay tan excelso como el saber tener dominio de su uso”
Jean Paul
 
           
            El autor, M.G. Damirón, es un abogado litigante, ex/ alto funcionario público, escritor experimentado y un apasionado de la historia.
            Su libro “Asesinatos Políticos en México (1910-1994)” es un libro sin pretensiones históricas, pero sí, con mucho, excesivo, deseo de reivindicar la memoria de personajes mexicanos que han dejado huella en su quehacer público a pesar, de no ver concluida la obra iniciada.
            La historia-política de nuestro país no ha estado exenta de miedo, sangre y silencio cómplice.
            Han sido muchos los pistoleros que han participado en la deshonrosa consigna de silenciar al abanderado de la Justicia, la igualdad y la fraternidad entre iguales-y-diferentes. Los rostros de la infamia han tomado cientos de formas, ya sea el odio, ya sea la locura, ya sea la traición. Entre un ideal retardatario y un ideal reformador, han existido balas para conservar lo primero y retardar lo segundo.
 
 
 
 
 
            Desde Madero y Pino Suárez hasta la muerte de Luis Donaldo Colosio por parte de un “asesino solitario”, el autor, nos relata los registros de la historia ensangrentada de sus principales personajes, de sus circunstancias, sus consecuencias que, todo ello, abren un abanico de preguntas sin respuestas.

            De norte a sur y de sur a norte, México ha tenido sus quijotes.

            Llenos tanto de un espíritu innovador como de una educación moral a toda prueba, esos hijos bien nacidos han dado testimonio, con su vida, de hasta donde puede llegar un ideal complementado con acción.

            Todas las muertes narradas en el libro, tienen más de un significado. El mártir, “habla” más después de muerto.

            No importa el lugar, ni quien muera, simplemente que “pase a mejor vida” el indicado.
 
            Aquiles Serdán, Madero y Pino Suárez, Abraham González, Belisario Domínguez, Venustiano Carranza, Zapata, Villa; todos ellos “hijos” de la Revolución, todos ellos un peligro para un México que quería cambiar.
 
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            “La Cólera sobre Aquiles”        
            El libro está compuesto por 13 ensayos-biográficos, iniciando por Aquiles Serdán y una vergonzante pregunta: “¿Quién lo mato?”

            ¿Quién mato a ese zapatero de oficio de nombre Aquiles Serdán y Alatriste?

            ¿A qué enemigos había provocado ese activista que constituyo el Centro Antirreeleccionista “Luz y Progreso”?

            Don Mucio P. Martínez, Don Mustio para los lugareños, era quien “gobernaba” Puebla. Siempre estuvo al tanto de Aquiles Serdán y sus acercamientos con Madero. El levantamiento revolucionario en Puebla había sido descubierto. Los principales activistas perseguidos, se cruzaron balas, hubo muertos ¡todos a cubierto! La persecución que inicio con cinco esbirros se incremento a ¡500! La intención no era que hubiera detenidos ¡sino muertos por doquier! La presea más deseada: Aquiles Serdán.

            Aquiles Serdán se refugio en un improvisado escondite mientras los uniformados de
soldados y su fusil pasaban por encima de su cabeza.

            Nuestro Aquiles, no griego, pero con la valentía de aquél, permaneció 16 horas en una atmosfera asfixiante, en espera de que los uniformados se fueran y así poder salir. La espera fue en vano.

            Damirón G.M. nos dice: “La oscura y lúgubre espera fue larga, desesperante, se dio por vencido y levantó la tapa de su escondite. Necesitaba respirar, sobrevivir”.

            ¿La consigna final? ¡Mátenlo de inmediato!   

            …“Y el mismo soldado que lo había encontrado se encargó de hacerlo: fue un disparo. Aquiles cayó agonizante. Otro disparó de nuevo por si hacía falta…”

            No hubo, finalmente, que averiguar para saber quien había ordenado la muerte de Aquiles Serdán. Ni tampoco para saber quienes lo había ejecutado: Porfirio Pérez se llamaba el que le hizo el primer disparo; quien hizo el segundo disparó, se le conocía como el teniente Bado.


            “La eterna noche de Belisario”

            Encontró la muerte entre las tumbas del antiguo panteón de Xoco, en Coyoacán.

            En su natal Chiapas, Belisario Domínguez era el doctor del pueblo, nada más. Sin embargo, el Destino lo marcaría para la inmortalidad cívica.  

            A la muerte del senador Leopoldo Gout, BD sale de sus consultas diarias y se dirige hacia el epicentro hostil promovido por “el Chacal” Victoriano Huerta, el traidor a las personas de Madero y Pino Suárez. 

            Asume la senaduría, sus coetáneos piensan que será un senador más, alguien que se sumara a la pasividad existente. Nada más inexacto.

            Tal como lo puntualiza Damirón: “El nuevo huésped se muestra rebelde, incomodo. No calla, no teme”.

            Antes de la muerte de BD, el diputado yucateco Serapio Rendón, exaltado y patriota orador, fue asesinado por la espalda por los esbirros de Victoriano Huerta. No eran tiempos de contemplaciones. La tumba era el destino común de todo tipo de oposición. Pero aún así, nada detuvo a Belisario ¿Ingenuidad, patriotismo?

            Un mes más tarde, BD, sube a la tribuna del Senado a solicitar el apoyo de sus colegas para que el usurpador sea removido de la presidencia. Arenga cívicamente a los presentes. Algunos se escabullen cobardemente, otros, callan sorprendidos, los menos, coinciden en silencio con el orador. Dos días más tarde regresa con un discurso incendiario que una joven impresora, María Hernandez Zarco, ayuda a reproducir y divulgar masivamente. Las partes beligerantes sabían que era el principio del fin. BD no se inmuto.

            Llego el martes 07 de octubre de 1913.


            Se apersonaron en su habitación agentes de la “policía”, cuatro en total, encabezados por José Hernandez Ramírez, el Matarratas. Acto seguido subieron en un automóvil con destino al panteón de Xoco.
           
 
 
            El autor nos narra los últimos momentos de BD: “Primero, lo hicieron caminar por delante, unos cuantos pasos. Luego vino el primer disparo, a la cabeza. Después, el de gracia.
            Así terminó la vida del médico Belisario Domínguez.

            Así terminaron sus asesinos: “Los asesinos de BD fueron aprendidos y encarcelados luego de que Victoriano Huerta abandonara el poder. El agente Gabriel Hernandez, el temido Matarratas, poco después se suicidó o fue “suicidado” con una dosis de cianuro por alguno de sus múltiples enemigos”.
 
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            Mucha desmemoria ha pasado desde entonces.

            El Poder, sus usuarios, sus malquerientes, sus mafias, no escatiman ningún exceso que les permita conservarlo o adquirirlo.

            No importan ni las coordenadas ni los medios.

            Kennedy, en los Estados Unidos de América, Indira Gandhi en la India, Olaf Palme en Suecia, fueron victimas de intereses inconfesables.                 
            Basta un solo trueque, como diría Obregón: “Basta que alguien quiera cambiar su vida por la mía”.

            Asesinatos Políticos en México (1910-1994) es un libro más actual que nunca. ¿Hay que agregar más? Solo deseamos que el reacomodo de las élites no sea teñido en sangre. Es cuanto.▲





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