COLUMNAS DEL TERCER MILENIO
  ÉTICA SIN RELIGIÓN
 
Reseña Bibliográfica (19)                                      junio/2010
 
 
 
Guisán, Esperanza. Ética sin religión: para una educación cívica-laica. España, Alianza-Editorial, 2009. 175 p. Col. Humanidades-Filosofía. Ensayos.  
 
Armando Castillo Romero
 
"Nos ocupamos mucho de ser agentes de bien según la ley de Dios; no sabríamos serlo según nosotros mismos." -Michael Eyquem de Montaigne.
 



           La maestra Esperanza Guisán es, sobre todo, una educadora moral. Busca crear ciudadanía invitando a los seres humanos críticos y responsables del mundo asumir una autonomía moral de dioses, sacerdotes y caudillos.

            Si bien en Ética sin religión, la maestra Guisán hace un repaso sobre el tema en la sociedad española, tanto sus argumentos como sus conclusiones (preliminares) son útiles para los ciudadanos mexicanos, en particular.     
  
            El punto medular de este ejercicio reflexivo (que DEBE de desembocar en acción) es: la educación cívica laica.

            Pero el ejercicio intelectual de Esperanza Guisán no es solo mera especulación teórica sino sus conclusiones son producto de “mi trayectoria personal, mi autobiografía más intima, la relativa a mi proceso de maduración y emancipación de las morales heterónomas para arribar a las morales autónomas”.

            De ahí el énfasis en: “Ética sin religión” (este reseñador preferiría una “Ética sin Iglesias”). Porque la autora desea hacer hincapié en la necesidad de una ética basada en supuestos filosóficos defendibles, que redima y libere a los seres humanos de la humillación que las morales religiosas imponen al subordinar los intereses de las personas a dogmas y dictados caprichosos de una divinidad, o de una tradición religiosa o de otra índole. Porque a pesar de que las éticas ilustradas (promovidas por la institución masónica, entre otras instituciones) han ido ganando terreno, aún existen dogmas y personas que de manera deliberada evitan tanto la promoción como el establecimiento de una sociedad laica, y por ende, de una sociedad más libre y más auto-consiente.
 
 
            Porque si bien vivimos cada día en una sociedad más permisiva y más tolerante, esto no significa que sea necesariamente una sociedad más ética. Las acechanzas y amenazas contra la sociedad laica son permanentes ya sea por su vertiente religiosa, ya sea por su vertiente “republicana”.

            Un equivoco que debe de borrarse, y en el coincidimos con EG, es que no se desprecia cualquier tipo de conducta religiosa, sino aquella(s) no sometida(s) al escrutinio esclarecedor de la razón y la ética-práctica.
           
 
            Lo que se busca es potencializar una ética con libertad y no una ética con sumisión.
            Lo que se busca es promover una ética-del-diálogo (producto de nuestra práctica cotidiana) que evite vacíos éticos prontos a ser llenados por credos pseudo-religiosos o meta-religiosos.    

            Una educación-cívica-laica, nos proporciona a los ciudadanos mayores grados de felicidad, pues en gran medida, la felicidad depende de nuestro desarrollo personal y de la relación de éste con nuestro prójimo y de aquél con nosotros.

            A lo largo de la historia hay cientos de ejemplos en que los espacios de la racionalidad han sido llenados por el dogma y lo irracional, sin percatarse las morales dogmáticas que en sí mismas llevan el germen de su propia aniquilación, ya sea por su férrea intolerancia, ya sea por su “doble” moral. (No es casualidad que el insípido Ratzinger, hoy, se sienta como “gato boca arriba”). Porque donde proliferan las morales dogmáticas es en aquellas sociedades donde el desarrollo ético (punto en el que deben de incidir (más) las logias masónicas) es poco avanzado o nulo. En este escenario, la persona, es victima, en términos éticos-cívicos, de su propia ceguera y, contribuye con ello a un desenlace devastador en términos sociales.
           
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            Ética sin religión: para una educación cívica-laica es un libro que se compone de 6 capítulos que trataremos de mostrar lo esencial a continuación.

            EG inicia diciendo: “Por supuesto que algunos católicos pueden, no sin dificultades ciertamente, ser buenos ciudadanos, es decir, individuos auto-desarrollados, libres y solidarios, pero a la mayoría de ellos les resulta bastante difícil, cuando no imposible”. Y continúa:

“Cuando postulo una ética sin religión, quiero decir simplemente una ética purificada de dogmas sobrehumanos o sobrenaturales”, le apuesta pues, a una ética razonada y razonable."

            He aquí el punto de quiebre ¿El dilema? Tomar por la “religión de la humanidad” (por la que también pugnaba Albert Einstein) o por las “religiones reveladas”… “La religión de la humanidad hace suya la propuesta de que ‘el hombre es un dios para el hombre’ más aún, de que ‘el hombre es el único dios para el hombre’, proclamando que ‘muerto Dios ha nacido la ética y sugiriendo, al tiempo, la exigencia de cuidado mutuo entre los seres humanos, a falta de un Padre-cuidador que nos pudiera eximir de la preocupación de velar por el bienestar de los otros’.

            En cambio, las religiones reveladas, como la católica, hacen del hombre, por el contrario, un instrumento de adoración a Dios, un eterno adolescente en las manos del Padre, produciéndose claramente heteronimia moral. 
  
            EG nos alerta a no caer en “falsas liberaciones” propias, por ejemplo, de la Opus Dei y sus seguidores, quienes “liberan” y promueven la “auto-determinación” y la “auto-legislación”, en la medida en que el “beneficiado” regresa como el niño, a la indefensión y al tutelaje por parte de la divinidad. Su argucia, evocar la “libertad” como un reclamo engañoso para destruir al hombre total, que es el único hombre posible. 

            El hombre verdaderamente se auto-determina, se auto-legisla en la medida en que se convierte en un individuo crítico respecto a las normas religiosas y sociales establecidas por su comunidad. Ni más ni menos.

            La laicidad, por este camino, desea liberar auténticamente a los prisioneros “de la fe” de la dictadura divina, sobre todo, de “terceros”.

            Sin embargo, en términos más terrenales, EG nos dice: “El aspecto más inmoral de la doctrina católica, apostólica, romana ha sido su insistencia a la obediencia al “líder”, al director espiritual, etc.”. “Desde mi punto de vista, los ‘mensajeros’ de la Cruz, del sacrificio y la humillación no son seres enteramente perversos, sino ’pervertidos’ por su propia fe, impotentes, carentes de poder creador, de espíritu de liberación prometeica”.
 
           
            Continúa EG: “Muchos católicos bienintencionados pero timoratos, tristes, pesimistas y carentes de sensibilidad moral, consideran que la religión es necesaria como ‘freno’ a nuestra desordenada concupiscencia, a nuestra agresividad y malevolencia respecto a la humanidad. 

            Se piensa equivocadamente, como espero demostrar, que la ‘moral’ es una carga pesada, difícil de soportar sin el auxilio ‘divino’, la ‘gracia de Dios’ o como quiera llamársele. La moral no es un deber, o una sobrecarga que el hombre debe asumir, sino, por el contrario, un derecho que todo ser humano conciente debe reclamar”.

            El ser humano consiente, responsable, moral es aquel que inevitablemente elige, o de lo contrario permitir que le impongan un tipo de comportamiento. Con la inevitable elección lo que se busca es evitar la sensación de frustración y fracaso, así como la tortura, que supone para el ser humano el verse obligado a vivir resignado con un tipo de vida que no considera digna de ser vivida.

            Es cuestión de actitud. Se debe escuchar la voz interior, según postulaba Sócrates, o ser fiel a sí mismo.

            Ser fiel a sí mismo es la mayor muestra de moralidad, especialmente en un mundo donde las acechanzas por un sinfín de presiones de tipo moral, familiar, social, nos “atrapan” en un laberinto de indecisión que generalmente nos inclina a conformarnos con una vida moral bastante mediocre, evitando con ello no infligir de modo abierto los principios que gozan de nuestra mayor estima. Si claudicamos nos “falsificamos” y perdemos autenticidad.

            Por todo lo anterior, afirma la maestra EG “que aquellas personas que se consideren auténticamente progresistas tienen el DEBER de promover una educación moral, misma que dotará al escolar de los instrumentos adecuados para solucionar sus conflictos individuales y colectivos, garantizando a cada individuo y grupo minoritario el máximo de libertad posible compaginable con la convivencia en común pacífica y fructífera”.

            Negar el derecho a la educación moral es negar el desarrollo de una personalidad en potencia, dejando ésta a merced de los peligros que hemos comentado de manera exhaustiva.

            Todos debemos de convencernos y de convencer, de que lo bueno en sentido prudencial y lo bueno en sentido moral converge en beneficio de todos. La felicidad acompaña siempre a los virtuosos. 

            La felicidad, la virtud, la razón y la pasión, son componentes humanos, mismos que nos liberan o nos atan. En relación con la pasión o las pasiones (las excelsas, particularmente) son éstas las que nos distingue, inclusive, por encima de la razón. Es la pasión la que nos hace seres individuales, distintos y singulares.

            “En ausencia de la pasión, decididamente no ha lugar la ética. Una pasión, si se quiere, perfilada, enmarcada por la razón, pero razón apasionada a fin de cuentas. La ética necesita de buenos razonamientos, pero conseguir la vida buena, la moralización de la sociedad, sólo es posible mediante la fuerza robusta del apasionamiento” 

            Porque lo que se busca con el apasionado, sentimiento ético de la vida es ganar conciencia de la propia dignidad como de la del “otro”, en un mismo camino de empatía y solidaridad mutua. Sin generosidad será imposible que los revolucionarios morales construyan una sociedad mejor, toda vez que el caminante moral no tiene el camino hecho, sino que tiene que hacerlo al andar. En suma, está es la manifestación de la razón-apasionada en su uso más práctico.

            Pero si bien se desea que existan más y mejores seres humanos que promuevan una educación cívica-laica, debemos de estar de acuerdo que la excelencia de unos pocos no basta para nuestro cometido. Se trata que los mejores ayuden a su prójimo a auto-desarrollarse, por vía del acto generoso, gratuito.

            Acto gratuito, generoso que se contrapone con los intereses, la mayoría de las veces, de los intereses de las clases dominantes que promueven dogmas y tabúes de manera indiscriminada. 
    
            La ética por la que pugnamos jamás se ha opuesto a la religión, al contrario, es la religión dogmática a la que se ha opuesto a la ética de la liberación y la auto-conciencia.
           
           
            Porque la ética y más particularmente la “Ética cívica” (o la “Educación para la ciudadanía”) debería no excluir sino potenciar el desarrollo de las virtudes humanas.

            Por último, deseamos enfatizar lo escrito por la maestra EG:

            “Es imprescindible que todos los seres humanos no sólo tengan oportunidad de decidir conforme a sus propios deseos, sino en la medida de lo posible, de decidir sus propios deseos (que generalmente le son inculcados)." Es cuanto.▲





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