COLUMNAS DEL TERCER MILENIO
  ABRAHAM LINCOLN: SU LIDERAZGO
 
Lectura (3-2011)                                      mayo/2011
 
 
Armando Castillo Romero
 
 
Vidal, César. Abraham Lincoln. Su liderazgo: las lecciones y el legado de un presidente. Estados Unidos de América, Grupo Nelson, 2010. 208 p. Ensayos.     




 
 
 
"El hombre prudente es parco en el hablar pero activo en el obrar."
Confucio
 
 
Contrario a lo que se piensa de los best sellers, Abraham Lincoln. Su liderazgo: las lecciones y el legado de un presidente, es sin duda, la excepción. Cesar Vidal es un historiador y escritor español que si bien se rige por los criterios del mercado editorial, esto no ha sido obstáculo para realizar trabajos muy aceptables como al que hare referencia en esta ocasión.

A decir del propio autor, este esfuerzo no pretende ser una biografía que se sume a las ya existentes, más bien, este conjunto de ensayos busca enfatizar un aspecto poco conocido (y estudiado) de Abraham Lincoln, su vertiente espiritual como hombre de Fe que siempre fue.

Lincoln, su formación y su visión política adquirida a través de un camino sinuoso, no es ajeno a la conformación prodigiosa de los Estados Unidos de América. Nación-y-hombre, hombre-y-Nación fue un binomio que solo separo la muerte trágica del presidente que había emancipado a los esclavos.

Los esclavos provenientes de África, llegaron a los Estados Unidos para ser la mano de obra predominante en el Sur. En general, la población estimaba que los afroamericanos eran inferiores a los blancos, por lo que no era extraño que se vieran reducidos a la esclavitud. Aun, ya como nación independiente, la esclavitud recibió escasa consideración, al grado que la Constitución no la menciona.

A pesar de que todos los políticos ignoraban lo obvio, durante los años que siguieron a la independencia, la posición anti-esclavista mantenida por los cuáqueros (grupo religioso independiente de origen anglicano) se fue difundiendo. Así, el 01 de enero de 1808 se declaró ilegal la importación de esclavos africanos.

 
 
 
El tema de la esclavitud despertaba tensión constante. Por un lado, los movimientos anti-esclavistas ganaban terreno, por otro, los estados pro esclavismo llegaron aprobar la ley del esclavo fugitivo; la que permitía que cualquier afroamericano podía ser reclamado como esclavo en virtud únicamente de una declaración jurada del supuesto dueño. Esta victoria pírrica abono sentimientos negativos en los estados del Norte. A mayor persistencia por mantener la esclavitud, se desarrollaba una contra-respuesta y un espíritu abolicionista como nunca.

La servidumbre ofensiva, dolorosa, que significaba la esclavitud, crecía en muchas vertientes, pero sobre todo, en el aspecto moral. Su resolución necesitaba de un líder de causas y de Fe.

Ese líder era Abraham Lincoln.
Abraham Lincoln nació el 12 de febrero de 1809.
Gracias al oficio de carpintero de Thomas Lincoln, Abe, la forma cariñosa con que era nombrado Abraham, tuvo acceso a la iglesia bautista como encargado de mantener el lugar limpio. La iglesia bautista de Pigeon Creek, era una congregación anti-esclavista, con la que más temprano que tarde se identificaron padre e hijo. A pesar de esta comunión espiritual, los Lincoln nunca se unieron formalmente a la iglesia. 

Al cumplir los 21 años, la familia Lincoln se establecieron en New Salem, Illinois. Con el cambio de residencia, AL, descubría, simultáneamente, que no tenía amigos, educación, ni dinero, aunque si la firme convicción de construirse un porvenir. 
“Durante el primer invierno en New Salem, Abe, se entregó a un plan estricto de superación personal que incluyó la asistencia a la sociedad local de debates, la lectura del Orador de Columbia, el estudio de las matemáticas y de la gramática, y las discusiones de poesía con el herrero del pueblo, Mentor Graham, quien sería la persona que le ayudo de manera sobresaliente”. En síntesis, la formación de un hombre
De manera paralela, AL, desarrollaba una formación espiritual a través de la lectura sistemática y concienzuda de la Biblia. Siempre sostuvo un cristianismo no confesional, sin intermediarios ni Iglesias presentes. Lo anterior no era impedimento para tener una firme creencia en Dios.  
“Fue en esa misma época en que el voluntarioso muchacho dejó poco a poco de ser ignorante para permitir que la cultura lo puliera cuando, por primera vez, sintió interés por la política. En esa misma época, AL, concibió su propósito de convertirse en abogado. Tuvo que pedir prestados los libros al bufete Stuart & Drummond y dinero a un amigo para comprarse un traje, pero cuando en diciembre llegó a Vandalia, la capital de Illinois, estaba decidido a progresar como profesional y político. Durante aquel invierno, Lincoln trabajó mucho y observó más, pero hablo escasamente.
El estudio de las leyes y la reflexión sobre temas espirituales-morales vinieron vinculados en aquella época con una delimitación del pensamiento político de Lincoln. En 1836, Lincoln fue reelegido en las elecciones legislativas y además el tribunal del condado de Sangamon lo registró como un hombre de buen carácter moral, un requisito previo para pasar el examen que le permitiera ejercer como abogado.
En enero de 1837 se aprobaron una serie de resoluciones en las que afirmaba que los abolicionistas eran un peligro, se defendía el derecho de tener esclavos negros y se insistía en que la esclavitud era una institución cuya regulación quedaba en manos de los diferentes estados y no del poder federal.

Lincoln, que a la sazón tenia veintiocho años, fue uno de los escasos políticos que votó en contra de estas resoluciones, dejando por primera vez constancia en su carrera política de cuál era su posición acerca de la esclavitud”.

AL, en un periodo de 13 años, se casó, tuvo familia y progresaba en su carrera de legislador. En ese mismo espacio, se opuso, desde la palestra del Congreso, a la guerra de los Estados Unidos de América contra México, la que creía que estaba motivada únicamente por unas ambiciones territoriales carentes de toda justificación moral. 

En 1849, informó a la Cámara de que iba a presentar un proyecto de ley encaminado a abolir la esclavitud en el distrito de Columbia. Lincoln no se engañaba, sobre todo, en lo que implicaba esa postura política. A la larga, estaba convencido de que la esclavitud envenenaría de manera fatal la vida de la nación y acabaría por provocar el derramamiento de sangre entre hermanos.
Como un político serio, responsable y visionario (estadista pues) AL, no confiaba en ver el final de la esclavitud en el curso de su vida, pero estaba convencido que era su DEBER contribuir a la llegada de ese momento. Tanto para Lincoln como para la nación toda, la esclavitud representaba una crisis moral enorme.
Lincoln, en plena madurez como varón, busco un escaño en el Senado que no estuvo exento de disputas ríspidas y golpes bajos por parte de sus oponentes; al final, perdió.
Sin embargo, los sinsabores duraron poco, ya que ulteriormente, AL compitió para llegar a la Casa Blanca y triunfó.   
Con un triunfo a cuestas y con la efervescencia política a todo lo que daba, los estados separatistas decidieron que su destino estaba en la secesión, declarando el 4 de 1861, siete estados su independencia de la Unión. Tal convención, por decisión propia, se había convertido en congreso confederal, había nacido la Confederación.    
La guerra civil era inevitable.

AL no deseaba la guerra, pero creía que ésta era necesaria para preservar la unión de la nación, pero también la supervivencia de la democracia.

Lincoln y sus asesores no auguraban un triunfo de la Unión al inicio de las hostilidades, ya que en realidad, las tropas sureñas contaban tanto con mayores contingentes como con los mejores generales del ejército.

Durante un largo tiempo, las cosas no salieron bien para la Unión, pero a pesar de ello, Lincoln seguía pensando de manera primordial en el problema moral (y sus soluciones) que planteaba la coexistencia con la población negra.

El 1 de enero (pág. 123) de 1863, Lincoln decretó que todos los esclavos residentes en los estados esclavistas (confederados) quedaban liberados.

Las batallas continuaban pero poco a poco la fuerza Confederada se eclipsaba.
Los vientos de triunfo llegarían al lado de la Unión providencialmente. 
De manera circunstancial, ambos bandos decidieron cruzar una población (no estratégica) llamada Gettysburg, situada a unos nueve kilómetros al sureste de Cashtown. “En realidad, tanto los unionistas como los confederados fueron enviando fuerzas a Gettysburg hasta que la escaramuza inicial se transformó en una batalla imprevista y de enorme envergadura. Cuando la batalla concluyó el 3 de julio de 1863, el ejercito de Lee (general confederado) había sufrido veinticinco mil bajas sobre un total de setenta y cinco mil hombres, un resultado que sólo podía calificarse de espantoso desastre”.     
Aunque el éxito frente al bando confederado no sería del todo inmediato, los rebeldes sureños iban experimentando derrotas militares, diplomáticas y de aspecto moral de manera casi simultánea. Su causa experimentaba no poca decepción. Era el principio del fin.
 
 
Del amigo al amigo
Una hermandad indivisible
(Hecho real. Un soldado Confederado, herido de muerte, le obsequia su reloj masónico a su Hermano masón del bando contrario)
 
“Al poco tiempo de concluida la batalla de Gettysburg, los gobernadores de 18 estados del Norte habían abordado la tarea de construir un cementerio donde pudieran reposar los restos de los soldados enterrados apresuradamente después del combate.

Por regla general, Lincoln declinaba las invitaciones que recibía para pronunciar discursos incluso en situaciones relevantes. Por eso, cuando los miembros del gabinete supieron que acudiría a Gettysburg se sintieron unánimemente sorprendidos.

La preparación del discurso, posiblemente el más famoso de toda la Historia de Estados Unidos, fue rápida, entre otras razones, porque Lincoln no disponía de mucho tiempo para dedicarse a ella. Cuando, finalmente, salió de Washington tan sólo había redactado un borrador cuya primera pagina estaba escrita con tinta, mientras que la segunda iba trazada con lápiz.

El texto recogía la quintaesencia del pensamiento de Lincoln. En primer lugar, el presidente señalo el hecho fundacional de Estados Unidos. Sin duda, se trataba de una nación joven, pero lo más significativo era que se trataba de ‘una nueva nación’, concebida en Libertad, y dedicada a la afirmación de que todos los hombres son creados iguales”.
En aquellos tiempos, procedía Lincoln, se hallaban reunidos para dedicar una parte de un campo de batalla en honor de aquellos que habían dado su vida por la nación. Semejante acción era, sin duda, adecuada, pero, en cierto sentido, nadie podía consagrar y santificar aquel terreno más de lo que lo habían hecho los que en él habían combatido. La tarea de los vivos debía ser, por lo tanto, continuar aquella tarea inacabada ‘para que estos muertos no hayan muerto en vano’. Esa tarea no podía ser otra que la de que ésta “nación bajo Dios tendrá un nuevo nacimiento de libertad; y el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, no perecerá en la Tierra”.
Este “discursito” (como se catálogo en aquel entonces) ha pasado con el tiempo a convertirse en un paradigma de oratoria política.
Poco a poco, el tenaz Lincoln, se percataba de la victoria de la guerra (había que buscar una salida digna al bando          Confederado después de la derrota, no antes), que la reconciliación nacional era obligada y que la integración racial era una situación tangente a cortísimo plazo. Estos elementos a su favor, pensó, les serían útiles para buscar la reelección presidencial, no como afán por el poder mismo, sino la conservación del poder “para” continuar con la refundación de la nación.    
Una de las características esenciales que propios y extraños reconocieron siempre en el liderazgo de AL fue que ni en las circunstancias más adversas, perdió la moral y la convicción de la causa que lideraba. 

El 31 de enero de 1865, tuvo lugar la aprobación de la decimotercera enmienda a la Constitución con 119 votos a favor, 50 en contra y 8 abstenciones. De esa manera, la esclavitud quedaba prohibida en todo el territorio de los Estados Unidos con la mayoría constitucional de dos tercios. 
Lincoln, a través de 400 millones de dólares, indemnizó a los amos de esclavos, siempre y cuando la guerra concluyera de manera definitiva antes del 1 de abril.

Así mismo, buscaba con ayuda del Congreso de que los vencidos (el bando Confederado) se incorporara a la Nación en condición de igualdad, de lo contrario, se contradeciría el sentido de justicia por él siempre proclamado.   

Lincoln siempre mantuvo elogios hacia el bando Confederado, especialmente, hacia el general Lee y sus hombres que habían combatido, según la visión de AL, por una causa en la que creían sinceramente.

El 16º Presidente y su fe jamás compartieron los sentimientos de odio y venganza (como algunos miembros del Congreso) hacia los vencidos. Ya se había derramado mucha sangre, pensaba, por lo que lo más sano era regresar a la vida normal lo más antes posible.

En ese tenor, AL y su esposa asistieron a la representación de Nuestro primo americano de Laura Keene, que tenía lugar en el teatro Ford. El matrimonio Lincoln se sentó en un palco adornado con la bandera norteamericana. No lejos de ahí, un grupo de simpatizantes del grupo Confederado buscaba vengar la derrota del Sur. Si bien, el grupo se fue reduciendo en la medida en que las intenciones subían de tono, pues originalmente se buscaba secuestrar a Lincoln para intercambiarlo por Confederados, al final, quedo en el aire una venganza sin cuartel.

Un miembro del grupo que buscaba hacerle daño a AL, era Booth, quien después de haber dejado al grupo, se dirigió al teatro Ford con un revolver escondido entre sus ropas que minutos después descargaría sobre la cabeza del presidente. Ante la incredulidad del guardaespaldas, el magnicida logro huir. 

Lincoln fue trasladado a una casa cercana; jamás recuperaría el conocimiento. El 15 de abril de 1865 murió.
Cuando la reconstrucción de la nación más lo necesitaba, continuaría sin él. 

César Vidal enfatiza la Fe de Lincoln:
“Lincoln no fue nunca un descreído, un agnóstico y mucho menos un ateo. Lincoln tenía una fe sólida y profunda, pero no cualquier fe. En primer lugar, la fe de Lincoln era una fe bíblica. A lo largo de toda su vida, desde la infancia, Lincoln fue un hombre que halló consuelo y orientación en la lectura y la meditación de la Biblia. En segundo lugar, la fe de Lincoln fue la propia del que cree en un Dios personal”.

La Fe de Lincoln siempre tuvo consecuencias éticas que se manifestaron en acciones políticas.

La enseñanza ética, política y de liderazgo de AL es que a una causa hay que sumarle fe y a ésta… acción.

Antes de finalizar, un consejo del abogado Lincoln a estudiantes de Derecho:
“Tomad la decisión de ser honrados en todos los casos y si de acuerdo con vuestro propio juicio no podéis ser abogados honrados, tomad la decisión de ser honrados aunque no seáis abogados”. Es cuanto.▲





Comentarios hacia esta página:
Comentado por Jose Antonio Sanchez, 25-01-2013, 01:39 (UTC):
En la obra política de Lincoln falta un comentario en honor a John Brown quien fue el verdadero libertador de los negros en Estados Unidos y sino lo fue solo seria bueno reconocerlo, gracias y buena columna

Comentado por Lourdes Concuera, 05-12-2011, 20:42 (UTC):
Excelente nota. Ojalà el autor nos siga compartiendo escritos de esta calidad.



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